Especialización inteligente. Los territorios no son empresas.

Es probable que muchos de vosotros hayáis oído hablar de las estrategias de especialización inteligente. Bueno, para que engañarnos; posiblemente sólo lo hayamos hecho los técnicos de la administración y los consultores que de algún modo hemos trabajado en desarrollo territorial. El resto – pymes, autónomos, startups…. – lo ven más bien como una ¿nueva? política o el enésimo modelo de desarrollo implantado por los gobiernos de turno de las diferentes comunidades.

Foco, modelo de negocio, propuesta de valor, oportunidad de negocio, clientes, testar…. conceptos utilizados por las empresas para establecer la conveniencia de iniciar o no iniciar un proyecto, deberían ser la piedra angular de estas estrategias que deberían jugar un papel clave el futuro de los ciudadanos; desgraciadamente, nada más lejos de la realidad.

Bueno, analicemos en primer lugar que es una estrategia de especialización inteligente.

La especialización inteligente consiste en aprovechar los puntos fuertes con que cuenta un territorio y el potencial de excelencia del mismo. Para ello, se han identificado los activos que sean únicos, así como los entornos tradicionales y emergentes donde se tiene mayor potencial competitivo. Son esos entornos donde se deben concentrar los recursos económicos que se dediquen a la Investigación, desarrollo e innovación. 

El objetivo final no es otro que posicionar nuestro territorio en un mercado global concreto maximizando nuestras ventajas competitivas estructurales.

Es Europa, en este caso la Comisión Europea, la que ha “animado” a los gobiernos regionales ha diseñar esta estrategias como condición necesaria e imprescindible para acceder a los fondos estructurales y otros instrumentos de inversión.

Después de un proceso participativo, se han establecido las área prioritarias y de excelencia; los retos, dominios y lineas estratégicas. En el caso de Extremadura se han establecido cinco áreas de excelencia:

   – Energías renovables.
   – Turismo.
   – Salud.
   – Agroalimentación.
   – Tics.

Como se puede observar, se trata de entornos muy amplios y poco operativos. Veamos como en el caso el área del turismo encontramos el comercio, industrias creativas y culturales, hostelería etc… lo que nos lleva a pensar más en una estrategia de “diversificación inteligente” que en una de “especialización inteligente”; quizá sea sea mejor así.

Esta estrategia nos puede llevar a pensar que es un foco demasiado extenso como para de verdad ejecutar los esfuerzos y los recursos con la eficiencia que requiere el posicionar nuestra región en un mercado global tan competitivo. 

Pero no podemos perder de vista 2 elementos claves; en primer lugar, un territorio no es una empresa; y en segundo lugar, hay que pensar en crecimiento inteligente, pero sobre todo hay que pensar en crecimiento sostenible e integrador.

Debería ser revisado, y con carácter de urgencia por los gestores europeos, un aspecto que en el mundo empresarial es crucial a todas luces -sobremanera en el caso de las startups-: la métricas de crecimiento.

Se ha convertido en una absoluta prioridad el hecho de establecer e implantar el uso de métricas realistas que nos permitan conocer cual es el verdadero impacto de las acciones en el territorio –por favor, abandonemos de una vez por todas el uso de métricas vanidosas que solo sirven para engañarnos a nosotros mismos-. En cada inicio de periodo comunitario, se establecen estrategias regionales, se diseñan programas operativos, se reciben millones de euros de la UE con el objetivo de crecer. Veamos que métricas se han obtenido al final de cada periodo comunitario como evidencia del impacto que los recursos han tenido en la región desde una perspectiva holística del desarrollo humano  y que engloba las dimensiones demográficas, económicas, sociales, medioambientales, industriales, culturales, empresariales, …

La Unión Europea en este caso, salvando las evidentes distancias del ánimo de lucro, como el inversor que apuesta por una Startup; éste último inyecta dinero en la compañía  buscando un retorno a su inversión y que en este caso concreto no es otro que la eliminación de las desigualdades regionales entre los territorios del espacio europeo. 

Cualquier inversor tras comprobar que tras muchos años de inyectar fondos en proyecto no recibe el retorno esperado sin duda replantearía su posición – no hay que perder de vista que el objetivo de de la convergencia de nuestro territorio con respecto a la propia UE se ha alejado en estos últimos años-. 

En el mundo empresarial las consecuencias serían inmediatas pero, como indicaba en el título, no estamos hablando de empresas. ¿No crees?.

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