La fantasía colectiva del pensamiento positivo

Para mí, es duro observar como el “pensamiento positivo” inunda el ecosistema emprendedor con una serie de “mantras” -bastante peligrosos, a mí entender- y que no hacen otra cosa sino empujar a los emprendedores a tomar decisiones bajo el falso axioma de que la voluntad y felicidad son el elemento diferencial en la dicotomía éxito-fracaso del proyecto empresarial.

Me viene a la cabeza la películaUp in the air, en la cual George Clooney interpreta a u profesional que se dedica a comunicar el cese laboral a trabajadores bajo el perverso discurso de la oportunidad que siempre se abre ante una perdida. ¿Cuántas veces hemos tenido que escuchar durante la crisis económica este tipo de discurso? Millones.

Barbara Ehrenreich, en su libro “Sonríe o Muere: la trampa del pensamiento positivo” hace un análisis, a mi parecer, muy preciso y apropiado. Entiende Eherenrich que  “ser positivo” no es tanto un estado anímico o mental como  un elemento ideológico. Un instrumento que pretende, esto lo digo yo, responsabilizar a las personas de sus fracasos y limitaciones en base a una falta de voluntad o de ganas. Seguimos escuchando a diario esos mantras tipo “si quieres, puedes” o “soy el dueño de mi destino” extraídos de forma descontextualizada de cualquier proverbio o de un poema de William Ernest Henley.

Según Ehrenreich “quienes se autodesignan instructores de esta disciplina —los coaches [entrenadores], predicadores y gurús diversos— definen su ejercicio con términos como “autohipnosis”, “control mental” o “control de pensamiento”. En otras palabras: se trata de algo para lo que es necesario autoengañarse, así como esforzarse sin pausa en reprimir o bloquear lo indeseado y los pensamientos “negativos”. 

Los coaches son capaces de generar ese estado positivo que provoca que muchas personas -embriagadas de positivismo y con la autoestima alterada- se lancen a aventuras empresariales cuando los números y las circunstancias no acompañan. Por desgracia, los números no  saben de pensamiento positivo.

En muchas ocasiones, el mero hecho de querer algo no garantiza el poder conseguirlo; querer no es poder. Preguntemos a los habitantes de las Favelas de Rio de Janeiro si su situación es la que es por mera falta de voluntad. O pensemos por un momento si los propietarios y gestores de las cientos de miles de empresas cerradas en España durante la crisis económica lo hicieron por no ser capaces de “saber ser dueños de  su destino”.

Volviendo a la empresa, parece bastante sólido y evidente que el nacimiento del capitalismo poco o nada tiene que ver con este pensamiento positivo. De hecho la obra clásica de Max Weber “La ética protestante y el espíritu del Capitalismo” defiende de un modo aún hoy difícil de rebatir que “las raíces capitalistas hay que hallarlas en el enfoque vital severo e inflexible del calvinismo protestante, una religión que exigía a sus fieles no buscar la gratificación inmediata, y resistirse a todas las tentaciones placenteras, para dedicarse a trabajar de sol a sol y a acumular riquezas.”

Teniendo en cuenta esto, parece que no hay atajos posibles. El éxito empresarial estriba, en mayor medida en la capacidad de gestión que en el pensamiento positivo.

Si tenemos esto claro, ¿por qué muchos de los programas públicos de fomento empresarial son confiados en mayor medida a los predicadores y gurús del pensamiento positivo en vez de a profesionales y expertos en el desarrollo y gestión de empresas?. Puedo entender que la motivación es un elemento importante, pero no en todos los casos. Un exceso de motivación para comercializar un producto que nadie quiere no es positivo; todo lo contrario, es contraproductivo. Si a esto añadimos el enfoque de “pensamiento positivo”, es probable que entremos en un estado de empecinamiento que nos llevará con toda seguridad a una situación desagradable.

La semana pasada, tuve la oportunidad de ver unos pliegos de un concurso público que tenía como objetivo la prestación de servicios de consultoría para ayudar a los universitarios a poner en marcha sus ideas y montar sus propias empresas. Cual fue mi sorpresa al ver que era requisito imprescindible estar certificado por una organización de coaching y ser licenciado. Licenciado, a secas. Me dio mucho que pensar; un licenciado en ADE o un MBA no puede participar en el concurso a diferencia de un historiador del arte sin ninguna experiencia empresarial pero certificado como coach, el cual sí que podría.

Un poco perverso todo si tenemos en cuenta que el objetivo del programa es montar una empresa que sea viable y rentable. Si este es el objetivo real, sería bueno adoptar la recomendación que nos da Ehrenreich “hemos de tener bien claro que a esta situación no se llega levitando, o por el mero hecho de desearlo. Necesitamos arremangarnos y ponernos a luchar contra unos obstáculos terribles, algunos que nos hemos puesto nosotros mismos y otros que nos ha colocado la propia vida. Y el primer paso para conseguirlo es que nos despertemos de esa fantasía colectiva que es el pensamiento positivo.”

Ehrenreich, B.: “Sonrie o muere: la trampa del pensamiento positivo”. Turner. 2012.

 

Publicado por

Manuel Juanes

Manuel Juanes

Sociologist. Social Anthropologist. Founder & CEO at Emotest. Co-Founder & COO at @smartmee_ Interested in #LeanStartUp #Investments #BusinessDevelopment #SweatEquity

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